Soberanía, diáspora afrodescendiente y transición hacia un mundo multipolar

Resumen

Este capítulo analiza la relación estructural entre racismo, supremacismo y el orden geopolítico unipolar heredado del siglo XX, entendiendo al racismo no como un fenómeno cultural aislado, sino como una tecnología de dominación global. A partir del debilitamiento del poder imperial occidental, se examinan los procesos de transición hacia un mundo multipolar, el papel estratégico de la diáspora afrodescendiente como sujeto político global, la relevancia del Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre las Personas de Ascendencia Africana y el surgimiento de nuevas dinámicas de soberanía en África —particularmente en el Sahel— y en América Latina y el Caribe. El capítulo sostiene que la lucha antirracista contemporánea es inseparable de la disputa por la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la reconfiguración del sistema internacional.

1. Racismo y supremacismo en la arquitectura del poder global

Vivimos un momento histórico en el que se vuelve cada vez más evidente la crisis profunda del orden unipolar construido tras la Segunda Guerra Mundial. Dicho orden se sostuvo sobre una matriz supremacista que definió jerarquías entre pueblos, Estados y regiones, otorgando centralidad a un Occidente hegemónico y relegando al resto del mundo a una condición subordinada.

El racismo ha sido una pieza clave de esta arquitectura. No se trata únicamente de discriminación social, sino de un dispositivo político y económico que legitimó la apropiación de territorios, el saqueo de recursos naturales, la explotación de cuerpos racializados y la negación sistemática de la soberanía de pueblos no europeos. El supremacismo occidental, basado en una supuesta superioridad civilizatoria y militar, justificó invasiones, golpes de Estado, imposición de gobiernos funcionales y la destrucción de acuerdos internacionales cuando estos dejaron de servir a los intereses imperiales.

En su fase de declive, el poder imperial recurre a mecanismos cada vez más violentos y visibles: sanciones unilaterales, endeudamiento estructural, judicialización de la política, injerencias encubiertas y, en casos extremos, el secuestro político de líderes nacionales. La ruptura de la soberanía se expresa hoy en dependencia económica, energética y militar, así como en la imposibilidad real de decidir proyectos nacionales autónomos.

2. El Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre las Personas de Ascendencia Africana como hito político global

En este contexto de crisis estructural del orden hegemónico, la creación del Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre las Personas de Ascendencia Africana en 2021 constituye un acontecimiento político de gran relevancia. El Foro emerge como resultado de décadas de lucha de los movimientos afrodescendientes por el reconocimiento del racismo estructural en el sistema internacional.

Su importancia radica en varios aspectos fundamentales. En primer lugar, visibiliza a una población históricamente excluida de los espacios de toma de decisiones globales. En segundo lugar, articula propuestas concretas en materia de políticas públicas, reparaciones históricas, acceso a derechos económicos y sociales y combate a la discriminación racial. En tercer lugar, reconoce a la diáspora africana como sujeto político global, superando la mirada asistencialista o meramente cultural.

Si bien el Foro enfrenta desafíos —limitaciones presupuestarias, escasa voluntad política de algunos Estados y dificultades para implementar sus recomendaciones— su existencia marca un punto de inflexión en la disputa por un nuevo orden internacional antirracista.

3. Multipolaridad, BRICS y la disputa por la soberanía económica

El surgimiento y expansión de los BRICS expresa una transformación profunda del sistema internacional. BRICS se consolida como una plataforma de cooperación económica, financiera y tecnológica que cuestiona la hegemonía de las instituciones creadas por el orden unipolar, como el FMI y el Banco Mundial.

El Nuevo Banco de Desarrollo ofrece alternativas de financiamiento con menor condicionalidad política, habilitando a países de África y América Latina a impulsar proyectos de infraestructura, industrialización y conectividad desde una lógica de cooperación Sur–Sur. Este proceso abre márgenes reales de autonomía y constituye un paso hacia la descolonización económica, especialmente relevante para los países africanos históricamente subordinados.

4. El Sahel y los procesos anticoloniales contemporáneos

Uno de los escenarios más significativos de esta reconfiguración geopolítica es el Sahel, donde la conformación de la Alianza de Estados del Sahel entre Mali, Burkina Faso y Níger expresa la voluntad de romper con décadas de tutela colonial.

En este marco, el liderazgo del Ibrahim Traoré adquiere relevancia simbólica y política. Su discurso anticolonial y su reivindicación del legado de Thomas Sankara lo posicionan como referente de una generación que cuestiona abiertamente el orden heredado. Más allá de los debates sobre sus formas de gobierno, su figura representa la búsqueda de caminos alternativos frente al fracaso del modelo neocolonial.

5. América Latina, el Caribe y la diáspora como sexta región

Los procesos africanos dialogan directamente con las luchas de América Latina y el Caribe. El pensamiento político afrodescendiente en la región avanza hacia una agenda estructurada en tres ejes: soberanía nacional, reparaciones históricas y reconocimiento de la diáspora afrodescendiente como sexta región del mundo africano.

Este enfoque redefine al movimiento afro no como minoría identitaria, sino como actor geopolítico articulado con las luchas campesinas, sindicales, feministas, juveniles y populares. La lucha antirracista se inscribe así en una disputa más amplia por la transformación del orden social y económico.

6. Solidaridad activa y cierre

No es posible hablar de multipolaridad sin denunciar las agresiones selectivas contra países como Haití, Venezuela, Nicaragua, Colombia, México, Cuba y pueblos invisibilidades como lo de la isla de Anobon,el genocidio que sufre el pueblo palestino, las masacres del Sudan o la interminable guerra que padece la Rep.del Saharaui.

 El doble estándar y la violencia política evidencian que el supremacismo continúa operando bajo nuevas formas.

La solidaridad no puede ser simbólica: debe ser activa, política y estratégica. El tránsito hacia un mundo multipolar solo será emancipador si se articula con justicia racial, soberanía real y dignidad histórica para los pueblos afrodescendientes y del Sur Global.

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