Cada mes de julio, Uruguay conmemora el Mes de los Afrodescendientes, un logro fruto de la lucha del movimiento afro y los compromisos asumidos en la Conferencia de Durban (2001). Sin embargo, año tras año, se evidencia una carencia estructural: la ausencia casi total de referencias, actividades o políticas que vinculen a África como continente madre, como actor político y como socio estratégico. Esta omisión no es solo simbólica: es también política, cultural y económica.
En los discursos institucionales y actividades oficiales del Mes de los Afrodescendientes —ya sea desde el Ministerio de Educación y Cultura, el MIDES, la ANEP o el Ministerio de Relaciones Exteriores— África aparece como un dato histórico, como un pasado lejano ligado a la esclavitud, pero no como un presente ni un futuro. No se habla de la pertenencia de Uruguay a la Sexta Región de la Unión Africana, categoría reconocida internacionalmente para los pueblos afrodescendientes de la diáspora. Tampoco se articula con las embajadas africanas en la región ni con organizaciones continentales.
Durante el gobierno de José Mujica (2010–2015), Uruguay dio pasos significativos para acercarse al continente africano. Se promovieron diálogos diplomáticos, misiones comerciales y acuerdos de cooperación con países como Sudáfrica, Nigeria, Angola y Ghana. Incluso se habilitó una agregaduría comercial en Sudáfrica y se buscó coordinar agendas comunes en organismos multilaterales. Esta estrategia fue liderada por la Cancillería y contó con un aporte clave de la Unidad Étnico Racial del MREE, así como del embajador itinerante Romero Jorge Rodríguez Durán, especializado en comunidades afrodescendientes.
Uno de los gestos más simbólicos fue el reconocimiento explícito de Uruguay como parte de la Sexta Región africana, un posicionamiento que iba más allá de la retórica y buscaba dotar de contenido esa vinculación a través de intercambios educativos, culturales y económicos.
Hoy, esas políticas están olvidadas o dormidas. No se da continuidad institucional a las relaciones iniciadas con países africanos, ni se contempla a África como una región prioritaria en la política exterior uruguaya. Tampoco se ha consolidado una estrategia nacional de cooperación o comercio con países africanos, ni desde Cancillería ni desde el Ministerio de Industria.
Esta desconexión no solo es una pérdida de oportunidades geopolíticas, sino también una muestra de cómo el enfoque étnico-racial queda encerrado en lo folklórico.
En un contexto global donde el Sur Global cobra cada vez más relevancia, África es una región clave. Se proyecta que para 2050 más del 25% de la población mundial será africana. El continente alberga vastos recursos naturales, mercados emergentes y una juventud innovadora que está transformando industrias enteras.
Uruguay, como país pequeño pero con alta credibilidad internacional, podría ocupar un lugar estratégico en el relacionamiento con África. Existen áreas de cooperación de mutuo interés como la soberanía alimentaria, la agroecología, la salud pública, las industrias culturales, la ciencia, la formación técnica y las energías renovables.
Reincorporar a África en el horizonte político, educativo y cultural del país no es solo una cuestión de justicia simbólica. Es una tarea de soberanía identitaria, de ampliación de nuestras relaciones internacionales y de actualización de nuestra mirada sobre el mundo.
Fuentes consultadas
- Conferencia Mundial contra el Racismo (Durban, 2001).
- Cancillería uruguaya, archivos diplomáticos 2010–2015.
- Unidad Étnico-Racial del MREE, informes internos.
- Declaraciones del embajador itinerante Romero J. Rodríguez Durán (2012–2015).
- Unión Africana, documento sobre la Sexta Región (2020).
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